El Esqueleto de las aves

 

La estructura y la forma del esqueleto de un ave se relaciona con su forma de vida. Los huesos de estos animales son huecos o casi huecos y están llenos de aire, lo cual los hace ser muy livianos; por ejemplo, el esqueleto de un águila constituye menos del 10% del peso total del animal. A pesar de ello, los huesos de las aves son fuertes y muchos de ellos están fusionados, lo cual crea un esqueleto rígido.

Las vértebras del cuello son muchas y forman una serie muy flexible, mientras que las del dorso están firmemente unidas entre sí.

El esternón presenta casi siempre una fuerte cresta o quilla para la inserción de los músculos del pecho que intervienen en el movimiento de las alas.

La columna vertebral termina casi siempre en un hueso más o menos puntiagudo, el pigostilo, en el que se insertan las plumas de la cola en forma de abanico.

El pie aparece formado solamente por los huesos de los dedos o falanges. Aquí están soldados en un hueso único con el tarso o base del pie, constituyendo el tarso-metatarso, que es lo que aparece como pata del ave.

Los huesos huecos están vinculados con el aparato respiratorio. El ave respira con dos pulmones, pero lleva en dicho aparato nueve o más cámaras de aire accesorias llamadas sacos aéreos, con ramificaciones que envuelven los distintos órganos y penetran en los huesos, contribuyendo a reducir el peso del animal.

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